Anónimo 
Madera dorada, policromada y 
lienzo 
Año 1643

El retablo de Nuestro Padre Jesús se encuentra en la segunda capilla entrando por la izquierda del templo. Desde la construcción de la iglesia en el siglo XVII fue del patronato de la familia de los Fernández, y así figura en la crónica de Bendicho de 1640 y en la de Viravens de 1876. La reciente restauración acometida para su exhibición en la exposición de “La Faz de la Eternidad” ha permitido eliminar elementos añadidos y, lo más destacable, sacar a la luz la fecha de su ejecución: 1643, tal como figura en una cartela visible en la zona superior del retablo, por lo que resulta pieza excepcional por su antiguedad. Se trata, por tanto, del retablo más antiguo conservado de época barroca en la provincia de Alicante, anterior al de Aspe cuya fábrica se hizo entre 1659 y 1661.

El esquema tipológico resulta sencillo, manteniéndose fiel a las fórmulas más al uso de la época. Configurado por un único cuerpo y calle central dominante, se articula con sendas columnas de orden compuesto, con el tercio inferior del fuste ornamentado con relieves escultóricos que alternan motivos vegetales de gran carnosidad con cabezas de angelitos, elementos que se extienden así mismo por otros lugares del retablo. Los dos tercios restantes de sus fustes están estriados. El espacio limitado por ambas columnas acogería originalmente una pintura o escultura que daría nombre al retablo, y que hasta el momento de su restauración para la presente muestra estaba ocupado por un moderno edículo, felizmente eliminado, que albergaba una imagen de Jesús Nazareno. En el entablamento, de líneas rectas y con una saliente cornisa, la representación escultórica anima y revaloriza la parte arquitectónica, incorporando hojarasca, florones y cabezas infantiles, todo ello dorado y policromado. La atención del remate se concentra en un cuadro de formato vertical, flanqueado por sendas pilastras y grandes cartelas de relieve plano, que culmina en un fron tó curvo interrumpido en su parte central pala dejar visible un jarrón o pebetero.

Cuestión importante seria la de poder conocer la autoría del maestro o maestros que pudieron intervenir en su realización, algo que hasta hoy permanece irresuelto por la carencia documental de estos años existente en los archivos locales, especialmente en lo que se refiere a los libros de fábrica del propio templo. El problema se acentúa si tenemos en cuenta que la nómina de escultores, ensambladores y retablistas que ejercen su oficio en Alicante por estos años es prácticamente desconocida. En la cercana Murcia, aunque no originario de ésta, la figura más importante es, sin duda, la de Juan Sánchez Cordobés, muerto en 1653. En años posteriores a la realización del retablo alicantino sí resultan familiares los nombres de José Villanueva y Antonio Caro “El Viejo”. Acaso pudiera tratarse de un trabajo de juventud de uno de ellos.