La realización de las trazas se debe a Agustín Bernardino, arquitecto que había sido discípulo de J. Herrera. Los trabajos para la cimentación fueron iniciados en 1613 y algunos años más tarde daba comienzo la construcción de las fábricas. Permaneció Bernardino al frente de las obras hasta su fallecimiento en 1626. Continuando las obras Martín de Unzeta, quien a su vez falleció cuatro años más tarde. Le sucedieron siguiendo los trabajos Miguel del Real y Pedro Guillén al frente de la dirección.

Hasta 1637 no estuvo terminada la nave de los pies, prosiguiendo los trabajos de fábrica. Lo cual no fue inconveniente para realizar un retablo de madera fechado en el año 1643, de estilo barroco’ 9 en contraposición a la arquitectura del templo. Veinte años más tarde se terminó de construir el ábside, iniciándose seguidamente el transepto por las bóvedas laterales. Durante 1658, año del fallecimiento de Guillen, se encontraban terminadas las pechinas y en los dos siguientes se realizó la cúpula, finalizada en 1660, o quizás dos años más tarde, según las fuentes.

Considerando el periodo de tiempo tan dilatado destinado a su construcción, y a la intervención de distintos autores, el edificio muestra una acertada unidad conceptual y arquitectónica, respetando en conjunto las propuestas iniciales diseñadas por Bernardino.

En la actualidad el suelo de la concatedral está cimentado sobre hormigón impreso y tiene una estructura acorde con los años que lleva en pie nuestro querido monumento. Si quieres más información acerca del Hormigón impreso haz clic aquí.

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