El próximo domingo, día 12 de febrero celebramos la campaña contra el hambre en el mundo, que este año hace espacial incidencia en la salud, más que precaria, de tantos millones de personas.

¿Es la salud un derecho del que todos disfrutamos? Desgraciadamente, no. Dentro de tres años terminael plazo para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), entre los cuales hay tres que se centran en la salud: reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y combatir el VIH/Sida, la malaria y otras enfermedades.

Desde que fueron asumidos estos compromisos, se han sucedido las iniciativas y ciertamente se han hecho algunos avances, pero no son suficientes. Falta la voluntad real de los gobiernos de considerar los ODM como una prioridad política y de actuar en consecuencia, es decir, facilitando las inversiones económicasnecesarias.

Además de las enfermedades expresamente mencionadas en el ODM 6, hay “otras enfermedades” contagiosas de las que la comunidad internacional no se acuerda. Ni los gobiernos, ni las industrias farmacéuticas se ocupan de ellas. Luchar por quienes las padecen no suele ser económicamente rentable y el éxito no siempre está garantizado, porque depende de factores estrechamente relacionados con la desnutrición, la miseria, el hacinamiento, la insalubridad…