La capilla de la Comunión, considerada una de las más bellas muestras del alto barroco español.

Constituye la solución espacial más caracterizada de cuantas actuaciones se llevaron a cabo durante esta etapa. Iniciada en el año 1699, se realizó durante los años veinte a cuarenta de la centuria siguiente. Contando con la intervención como constructor dei. Terol, y dei. B. Borja autor de la portentosa decoración escultórica. La planta corresponde al tipo centralizado de cruz griega, de brazos muy cortos que potencian el área central, enfatizado en vertical por la presencia del tambor y la cúpula que delimita el espacio ascendente.

Desde el exterior se aprecia a modo de un cubo de superficies planas y mudas, a excepción de la portada de acceso, muy plana y escasa ambición decorativa y de representación. Por el contrario el interior responde a un programa de exaltación ideológica predeterminada. Las superficies ofrecen un tratamiento de las texturas hasta ese momento desconocido, con seguridad es único en la arquitectura local. La decoración incluye el almohadillado de los sillares, aunque destaca la abundancia de ornamentación figurativa que llena los vacíos. También las esculturas de bulto redondo, con variada iconografía, acrecientan el efecto dinámico y el claroscuro, contrastado por la luz procedente de las ventanas situadas en el tambor.

El altar ofrece elaborada escultura, como también las portadas de acceso desde el claustro y de paso al templo; tiene rica iconografía la primera, mientras se centra en motivos alegóricos la segunda, ambas constituyen las realizaciones de mayor interés en las soluciones de arquitectura de retablo de este momento.