José Villanueva
Madera dorada y policromada
1675-1676

La obra para la construcción del retablo dedicado a San Nicolás en el templo alicantino del mismo nombre, se contrató en 1675 en la persona del escultor y tallista José Villanueva, aunque desconocemos si fue él quien hizo también el diseño, siendo uno de los primeros ejemplos de incorporación de la columna salomónica a un retablo. La desaparición de la escritura de obligación por la que éste se comprometía a realizar la obra impide conocer detalles como el precio por el que se le adjudicó y el plazo de entrega, aunque estimamos que no sobrepasaría la fecha de 1676. Además, en su ejecución intervendrían otros maestros que se ocuparían de distintas tareas relacionadas con la construcción de este tipo de máquinas de madera: doradores, ensambladores, policromadores, etc.

Como sucede con muchos de los retablos del último tercio del siglo XVII, alejados ya de la tendencia clasicista predominante hasta mediados del siglo, el de San Nicolás manifiesta en su esquema arquitectónico una planta estática. Su esquema resulta de líneas sencillas, articulándose con un cuerpo único y una sola calle rematado por un ático, todo ello flanqueado por soportes salomónicos pareados. Como es lógico, el artista ha concedido un gran desarrollo al registro central, en el que se abre una hornacina que cobija una escultura probablemente del siglo XVI del santo titular. Debajo del nicho, e interrumpiendo la línea del banco, se dispone un pequeño espacio para mostrar las reliquias y un busto de santa Felicitas. Este cuerpo central incorpora sendos pares de columnas salomónicas que se proyectan hacia delante y revestidos sus fustes de pámpanos y racimos de uvas. Más en retroceso y en dirección a los extremos, se disponen pilastras y estípites de profusa decoración así como pequeñas figuras de angelitos y querubines, motivos que encontramos en otras partes del retablo.

Un entablamento en voladizo, interrumpido en su parte central por una gran cartela, separa el cuerpo principal del ático. este se configura como un espacio para la colocación de un conjunto constituido por lienzo y escultura con el tema del Calvario. De nuevo esta zona incorpora, como en la inferior, otros cuatro soportes salomónicos que rematan en un frontón partido curvo terminado en espiral. Si el retablo potencia el desarrollo plástico de la talla de formas muy variadas — cartelas de gran carnosidad, motivos de hojarasca, figuras infantiles, etc- con una rica policromía, produciendo un efecto de “horror vacui”, un predomino abrumador de la ornamentación se produce en el interior de la decoración de la capilla, siendo dominantes aquí la decoración vegetal y cabecitas de niños que no dejan prácticamente ningún espacio vacío en el muro. En líneas generales el retablo que hemos analizado responde a un patrón que, en nuestra opinión, deriva del modelo impuesto sobre todo por Pedro de la Torre, maestro de una fecunda escuela madrileña cuyo influjo se extiende a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII por amplias zonas de España.